Anteriormente hemos definido lo que conocemos como evolución y dado la opinión de la parte del grupo que está a favor de ella; ahora, nos basamos en pruebas que demuestran que todo apunta a que la evolución es la única causa razonable de que los seres hayan ido cambiando hasta llegar a los que hay ahora; de que hayan ido adaptándose al medio y, así, formando nuevas especies. Es muy difícil observar directamente cómo actúa la evolución, puesto que actúa muy lentamente.
Estos hechos conocidos como pruebas de la evolución se dividen en:
Pruebas taxonómicas:
Los seres vivos se pueden clasificar en grupos según sus parecidos. Cada especie se agrupa con otras parecidas en grupos, mientras que estos se unen con otros, siendo los grupos cada vez más grandes hasta llegar al reino. Se puede observar que unas especies se relacionan con otras, como si guardaran entre sí un parentesco y compartieran antepasados.
Pruebas biogeográficas:

Pruebas paleontológicas:
El estudio de los fósiles demuestra que los seres vivos han ido cambiando y que unas especies han sido sustituidas por otras. No obstante, es difícil encontrar una cadena de fósiles que expliquen perfectamente el proceso evolutivo hasta una especie actual, ya que el registro fósil no es perfecto.
Pruebas embriológicas:

Pruebas anatómicas:
- Órganos homólogos: Misma estructura interna, pero su forma externa y función son diferentes. Por ejemplo, el brazo humano y la aleta de un delfín.
- Órganos análogos: Poseen misma función, pero diferente estructura interna. Es el caso de el ala de una mariposa y la de un ave.
Pruebas bioquímicas:

Así pues, objetivamente hablando y dejando de lado las creencias que tenemos cada miembro del grupo, podemos concluir con que la teoría de la evolución -sea cierta o no- tiene gran cantidad de pruebas que la apoyan y que apuntan a que es cierta.
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